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Diferencia a entre la tarea del jurista en sentido estricto y la función de orientar la legislación

Aunque el jurista puede y debe hacer mucho para acomodar el resultado de su tarea a las exigencias de la justicia. Y de hecho la obra de los juristas ha actuado muchísimas veces como importantísimo factor en el proceso jurídico, no dispone de plena libertas en esta tarea, pues siempre se halla restringido por los limites clara y taxativamente establecidos por las normas positivas. Quien sea jurista, puede y aun debe ser algo más que jurista, es decir puede y debe plantearse la crítica de las normas vigentes y meditar sobre las directrices para su reelaboración progresiva. Ahora bien, cuando hace tal cosa no ejerce propiamente como jurista, sino como orientador de la legislación futura.

Aparte de su labro de estricto servicio al derecho positivo vigente, el jurista, mas allá de ese su oficio, medite sobre las fallas de las reglas en vigor y señale las reformas que es debido y oportuno introducir en los preceptos vigentes.

Ahora bien, aunque esa labor es diferente de la propia del jurista, nadie está en condiciones mejores que este para llevarlas a cabo, pues el jurista es quien posee más amplio y profundo conocimiento de los defectos del derecho positivo y de las maneras de remediarlos, y puede orientar con mayor y más certera capacidad que cualquier otra gente sobre las reformas que convenga introducir en el derecho vigente.